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Asistí a los Grupos
Borges 2076, la Casa Polaca.  Salón 1º Piso.
Martes y Jueves 19hs. a 21hs., Sábados 10hs. a 12hs.

Testimonios

Sonia. (07-2015)

Sonia Villani en Mozambique

Recibimos la descripción minuciosa del proceso de transformación de una de las integrantes de APAP que en este momento está fuera del país y lo compartimos aquí, porque es digno de aprovechar su inmenso caudal sanador. Es muy largo, pero no hay una sola línea de más. Gracias Sonia por abrir tu alma.
"Dando mi primera vuelta al mundo en velero, desde el puerto de Angoche en Mozambique, África, escuchando el programa de radio vía Internet, desde mi barco, les mando mi testimonio y mi enorme agradecimiento.
Los quiero, los abrazo. Nos vemos pronto.
Testimonio
Como convencer a un gusano para que se deje llevar, crea y acepte su destino sagrado de mariposa? Como convencerlo de que mas temprano que tarde volara por los aires, libre, con hermosas alas de colores??
Así estaba yo, como un gusano, aferrada a la rama de mi sufrimiento, enroscada en mi propia maraña de pensamientos, arrastrándome por situaciones indignas, sin poder imaginar lo bueno que el camino de la recuperación tenia preparado para mi.
Llegue a Fundapap a través de una búsqueda intensa, desesperada, pero no desesperanzada. Por sugerencia de mi pareja de entonces, que había resultado ser adicta a la cocaína, tema del cual yo no me había percatado, tal mi ceguera , egocentrismo y negación. Al encontrar la droga en mi propia casa, entre en crisis. Fue cayendo ante mi como un domino, la explicación de muchas situaciones que venían aquejando mi vida, tanto en la pareja, como en otras áreas, el trabajo, la economía, los vínculos. Todo tomo otro color, no se describir cual, pero era el color de la verdad. Algo no estaba bien y no era solo que mi pareja fuera adicta, algo no estaba bien conmigo.
Recuerdo la sensación, fue como haber muerto en vida, fue como si se hubiera abierto la tierra y todas las ilusiones se hundieron en un abismo sin fin del que no podía salir.
Puse inmediato corte a dicha relación. El, a quien tanto tengo que agradecer me hizo un regalo increíble, sin saberlo quizás, me sugirió ir a los grupos. El ya conocía los grupos de NA , narcóticos anónimos, prometió recuperarse y tratar de salvar nuestra relación, pero para eso era preciso que yo también asistiera a grupos.
Así conocí a Naranon, grupo de familiares de narcóticos anónimos.
Nuestra relación nunca pudo volver a prosperar, pero nuestras vidas si y mucho.
Asistí a reuniones, me interiorice en el programa, hice servicio, transmití el mensaje, aprendí de su literatura, practique, fui paciente, ofrecí y recibí mucha ayuda , tuve madrina y ahijadas, recaí y volví a sentarme en los grupos. No fue fácil, pero tampoco imposible.
Allí conocí a personas increíbles, humanas, tiernas, inteligentes, desinteresadas y en especial profundas y solidarias.
De pronto me encontré empantanada, no había progreso en mi, estaba en un estado donde daba vueltas sobre el mismo punto sin poder avanzar en mi recuperación. Hasta qué un día, sentada en la ronda de esos grupos, una compañera a la que nunca olvidare, menciono que se había dado cuenta de que el tema iba mas allá que estar en relación con un adicto, que su problema eran la forma en que ella establecía sus relaciones en general, su voracidad y su consumo de personas, consumieran estas o no alguna sustancia. Inmediatamente me sentí identificada. Menciono también, que había un grupo que trataba estas cuestiones, que fue a una reunión y no asistió más porque no se atrevió a seguir. Era muy fuerte, textuales palabras, muy fuerte vérselas con lo que allí se trabajaba.
No lo dude, ese seria mi grupo. Sin dejar de asistir a Naranon, tome coraje y un día cruce la puerta de APAP, por aquel entonces.
Mi compañera tenia razón, era muy fuerte tratar los temas que se trataban allí. Tuve muchos momentos de amor y odio para con el grupo, para conmigo, para con el programa, para con mis compañeros, para con casi todo! Pero me prometí que no dejaría de asistir por más duro que resultara, me llevaba de la oreja esos días en que solo quería hacer un pozo y enterrarme allí junto a todas mis justificaciones.
De a poco aprendí, pedí ayuda, me calle, tal vez por primera vez, aprendí a callarme y a escuchar, a dejarme penetrar por esa "fina llovizna " de sabiduría que derramaba reunión a reunión, cada uno de los compañeros con sus testimonios y con sus pedidos de ayuda.
Vi crecer a mis compañeros, me llevaba pensamientos y sensaciones nuevas, que iban construyendo dentro mío un nuevo ser. La lectura, la escucha consciente, la práctica y el tiempo iban construyendo la posibilidad de una vida digna, tranquila, La Paz mental empezó a ser un bien anhelado. La locura y la excitación algo de lo cual retirarse de una vez y para siempre. En su lugar, la serenidad tomo cuerpo, y tras ella vino la alegría, la alegría por todo y por que si, y el agradecimiento a todo también.
La vida realmente, concretamente, se transformó en otra cosa, y tras la serenidad y la alegría apareció la libertad. Esa, la que hasta entonces no tenia ni idea de que se trataba: La libertad de elegir dejar de sufrir. La libertad de dejar el "club del drama y la tragedia " que había sido mi vida hasta entonces. La libertad trajo a su lado el desapego, fundamental. Dejar el chicloso pegoteo emocional que no solo empastaba toda relación sino que en ese empaste llevaba hacia una muerte lenta pero segura la posibilidad de una vida con amor.
Concurrir, participar y practicar el programa de Fundapap ha sido una de las cosas más enriquecedoras que me han sucedido en la vida.
Me he construido desde las cenizas tras haberme incinerado en el fuego de la locura. Digo locura porque no encuentro otra palabra para describir mi estado inicial: desasosiego, deseos de suicidio, angustia profunda, obsesión, impotencia, desamparo, desesperanza, desaliento, disociación, incongruencia, violencia, miserabilidad, abandono, desprecio por mi misma....todo un infierno.
Hoy, que lejos esta ese mundo y esa vida oscura.
Por eso, escribo esto, por si a alguien pueda servirle. Me parecía imposible progresar, yo no podía.... no podía, y un día pude. De a poco, tomando en serio el programa empecé por comprender mi enfermedad emocional, por dejar de lastimarme con mi terrible diálogo interno, tuve que deponer el orgullo y la soberbia, nada fácil, porque ni siquiera me daba cuenta que las tenia, tal mi negación. Tuve que rendirme y estrenar una entrega que al principio fue a regañadientes, solo luego se transformó en real.
Tuve que soltar la ilusión de control que tanto me había acompañado y servido a lo largo de mi vida, pero que ya, no solo no era necesario, sino que lo estaba arruinando todo.
Trabaje mucho sobre mí, trabaje pacientemente, con una paciencia y aceptación que no me conocía. No fue fácil, decenas de veces mande todo a la m...
Hasta q me di cuenta que en ese todo que se iba a la m ...también me iba yo.
Cuando pude ir saneando de a poco mis defectos de carácter, tome la decisión de dejar de ser la pobrecita y de creer que eso era algo bueno, deje de disfrutar con el dolor y de mi lugar y mi poder de víctima. Decidí dejar de querer ser imprescindible para cualquiera, decidí cambiar.
Lo doloroso, lo angustiante, la víctima, la manipulación para con mis seres queridos, los lugares indignos en los que había vivido ya no los quise para mi. También reconocí todo el beneficio que esos lugares me dieron, unas pseudoventajas que solo conducían a mas sufrimiento para mi y para todos los que me rodeaban.
Guiada por el programa, acompañada por el amor incondicional que se vive en los grupos, acunada en cientos de abrazos de mis compañeros, hoy puedo disfrutar de las promesas de la recuperación.
Mi vida cambio totalmente, tanto, que hasta algunos de mis antiguos allegados, felizmente, casi no me reconocen.
El sufrimiento del pasaje es fuerte, porque hay que morir a quienes fuimos para renacer.
Pero les aseguro que es posible y es lo mejor que nos puede suceder".

Vilma. (03/06/14)

La sanación viene de adentro

Hoy me desperté, y en semisueño me repetía esta frase: “la sanación viene de adentro”…
Hace tiempo que vengo pensando en escribir sobre mi experiencia con el cáncer y todo el proceso que le siguió, de curación y de sanación.
Aprendí mucho, muchísimo!

Diferencio sanación de curación, entendiendo que el que se cura es el cuerpo, pero lo que se sana es nuestra interioridad… A veces hay curación sin sanación, a veces sanación sin curación (entonces quien parte lo hace en paz y reconciliado), y a veces se logran ambas cosas, éste fue mi caso…

En abril de 2009, en un control de rutina me detectan micro-calcificaciones agrupadas en mi mama izquierda, la dra. dice: “no sabemos qué es esto, pero no tiene que estar aquí, hay que operar”
Salí muy conmovida de la consulta, siendo que además yo iba ese día “sabiendo” que algo no andaba bien, que algo me iba a decir la médica, no tenía síntomas ni malestares de ninguna clase, pero “sabía” (cuántas veces no le he dado crédito, no le doy, a ese saber intuitivo tan poco considerado y hasta degradado en nuestra cultura racionalista!)

Bien, comienzo los análisis de rutina, los prequirúrgicos, algunos los hago en forma particular para acelerar la operación, otros en el hospital.
Recuerdo con absoluta claridad que cuando estaba haciéndome estudios en el hospital comencé a mirar a mi alrededor: veía gente en sillas de ruedas, otros en estado de extrema pobreza, chicos enfermos, personas que no podían valerse por sí mismas y me sentí profundamente agradecida de tener autonomía física, posibilidades que otros no tenían y el hecho de poder estar haciendo por mis propios medios.
Me dan fecha de operación para mayo, luego me la postergan porque había paro de anestesistas… Mientras tanto yo oscilaba entre el miedo, la incertidumbre, la angustia, la confianza, pero todo sostenido por una gran fortaleza interna.
(Aclaro que no se podía saber si era cáncer o no hasta que operaran, por supuesto esto se da solamente en algunos casos).

Sueño

En el período de espera hasta ser operada, la incertidumbre me atormentaba bastante, pero una noche un sueño me vino a “decir” cómo iban a ser las cosas…
Soñé que veía la proximidad de una gran tormenta, nubarrones grises, muy oscuros, casi negros cubrían el cielo, la imagen era algo sobrecogedora… pero atrás de esa gruesa capa de nubes, hacia el fondo, el cielo aparecía totalmente despejado, de un celeste vivo, brillante, bellísimo.

Ese sueño me dio la información (sí información, no podía sentir “certeza”, el miedo era mucho) de que iba a pasar un momento difícil, que la cosa no venía liviana, pero que iba a superar este tránsito, que todo al final iba a salir bien.

Internación

Llega finalmente el 3 de junio de 2009 (hacen hoy exactamente 5 años), me interno a la mañana, acompañada por Guillermo (mi pareja), el jefe de servicio, Dr. Ostrowsky, un ser humano bellísimo y excelente profesional, nos informa que recién a medio día nos confirman si quedo internada para ser operada al día siguiente o si debo regresar a casa hasta nuevo aviso porque seguía el conflicto con los anestesistas.
Quedo internada y el 4 de junio antes de las 8 de la mañana me llevan a quirófano.
Mientras me transportaban en la camilla por los pasillos veo la cara de Guillermo que había ido a saludarme, fue muy reconfortante para mí.
Entro a quirófano, ya estaba el Dr. Ostrowsky, sentado, vestido de cirujano, con el diario La Nación, risueño, haciendo chistes, diciendo que esperaba que llegara algún cirujano para operar, no recuerdo si pedí que me pusieran una gorra (cosa que se acostumbra) pero sí me acuerdo que hice chistes al respecto, dije que no me gustaba ir a la peluquería, pero que entre un quirófano y una peluquería, prefería imaginar que estaba en la peluquería!!

Al despertar de la operación vi que tenía un drenaje colocado en mi axila izquierda, eso confirmaba que me habían extirpado un nódulo cancerígeno (que resultaron ser dos, pequeños)
Semi dormida le daba instrucciones a Guille: “el doctor quiere hablar con vos”…, en el semisueño de la anestesia escuché eso, y por supuesto lo tenía que decir!!! A ver si no se enteraba! Ja ja!!! Genio y figura!
La primera noche de operada, pese a mis resistencias iniciales, se quedó a acompañarme Camila, la mayor de mis hijas, que en ese momento tenía 20 años. Primero me resistí a la idea, en segundos pensé “cómo me va a cuidar ella a mí?!”, “la mamá soy yo”… luego me rendí ante la evidencia de la realidad, estaba con suero, con un drenaje, recién operada, era necesario que alguien se quede…
Fue una experiencia hermosa!, Camila y yo nos reímos bastante esa noche, yo hacía chistes, y finalmente ella me dijo: “mamá, qué bueno que me quedé, en casa me hubiera quedado mal, pensando, aquí te pude acompañar”…
Fue una de mis primeras lecciones, NECESITABA AYUDA, comencé a aprender a pedirla.
La segunda noche fue muy angustiante, una “compañera de quirófano” (una mujer a la que habían operado el mismo día que yo) fue más previsora, y cada noche se quedaba alguien a cuidarla, pues me animé y le pedí a su cuñada, mi ángel de la guarda de ese día, que viniera a sentarse a mi cama y me tomara la mano, eso era lo que realmente necesitaba, lo pedí y esta mujer (no recuerdo su nombre!), con una disposición y bondad infinitas se sentó a mi lado, me tomó la mano, me acompañó como realmente necesitaba.
Al día siguiente (domingo) y por mi episodio de angustia de la noche anterior, me dieron el alta.

Alta y tratamiento

Volver a casa fue el paraíso!

Varios días luego de operada tuve la absoluta certeza de que “me había enfermado para sanarme”
No fue una “idea”, no fue un razonamiento, tampoco una elaboración intelectual, fue una verdad que brotó desde lo más profundo de mi SER.
“Sabía” que así era. Aunque no tenía la menor noción de hacia dónde me llevaba ese saber.

Luego, la quimio, rayos, nuevamente quimio, tratamiento alternativo, muchos pedidos de amigos, y siempre mi convicción de que todo iba bien, nunca me sentí enferma (negación, diría un oncólogo que me atendió; no lo creo…)
Durante ese período en un momento me dije a mí misma que si tenía que morir de cáncer, no iba a morir de cualquier manera, moriría “entera” (más allá de lo que pasara con mi cuerpo), esa experiencia me tenía que servir a mí y a quienes quedaran, si fuera el caso de mi partida.
Ese pensamiento y esa convicción me dieron una enorme fortaleza, no era en vano nada de lo que estaba ocurriendo o pudiera ocurrir.

Comienzo a sospechar qué debía sanar

Mi gran tema pendiente, el de toda mi vida, era la relación de pareja. Había muchas cosas que replantear y revisar de la misma.
Muchas angustias vividas, muchos momentos de profundo malestar, pero lo que todavía no sabía en ese momento era que la relación que tenía que replantearme profunda y sinceramente era la relación conmigo misma…

Pero ya llegaré a eso…

Comienza otra etapa

Finalizado el primer ciclo de quimio y el tratamiento de radioterapia regreso los primeros días de enero de 2010 al hospital donde me habían operado (radio la hice en otro hospital), estoy en la sala de espera, yo era paciente del querido Dr. Mein, un oncólogo muy querido por todos sus pacientes, humano, optimista, siempre con comentarios y miradas positivas y esperanzadoras. En tanto otra paciente me dice: “el Dr. Mein no está más”, ¿cómo no está más?!
“No, el Dr. Mein falleció hace 8 días” ………………………………!!!!
No lo podía creer!!! Pero sí! Siguió atendiéndome el jefe de servicio, sabía de oncología, pero no de trato humano.

Muy angustiada con esta noticia ese mismo día vamos a La Plata a encargar medicación para la siguiente quimio, la relación con mi pareja estaba tirante, difícil.
Habíamos estado unos días en Mendoza y yo sentía que así la cosa no iba.

El domingo 10 de enero, decido muy angustiada, pero muy convencida, que me mudo, me separo, si es necesario me voy yo de la casa. El lunes 11 salí a buscar departamento y el viernes 15 estaba firmando contrato de alquiler.

Pedí ayuda a los amigos para hacer la mudanza, una amiga me dijo si era el momento oportuno, ya que estaba en medio de un tratamiento oncológico, próxima a comenzar otro ciclo de quimio.
Yo no tenía dudas de que era el momento oportuno, no sabía muchas cosas que hoy sé de mí misma, pero sabía lo que no quería más.
Durante ese mes de enero comencé a asistir a las reuniones del Mensaje en casa de Déborah y Roberto. Ese fue otro hito más que importante: comencé a trabajar con el ejercicio de los personajes, ayudada por Déborah, eso me abrió una posibilidad de comprensión diferente. Empecé a verme, a reconocer mi violencia interna, a vislumbrar mis contradicciones.

Bien, en febrero me mudo (gracias Silvina!, la amiga que me ayudó en la mudanza) con Eugenia, mi hija menor, que entre tanto, se había cambiado de colegio ese año, la adaptación le estaba costando mucho, y Trabajó mucho consigo misma para elegir lo que ella sabía que era mejor para su propio crecimiento... Pero no eran momentos fáciles.

La mudanza fue un acto de gran coherencia interna, no había dudas que era por ahí.
Si bien me fui muy cerca de la casa donde vivía antes (para mí en esa circunstancia era importante no irme del barrio, no toleraba un desarraigo, necesitaba seguir yendo a la misma farmacia a darme las inyecciones de mi tratamiento, necesitaba seguir yendo a la misma verdulería y sobre todo que Eugenia no cambiara sus hábitos adolescentes, siendo que para ella la calle principal del barrio era como una extensión de nuestra casa, eso no había que modificarlo) el registro interno era absolutamente unitivo, estaba feliz aún en medio de circunstancias difíciles.

A los tres meses de haberme mudado y con charlas y encuentros con mi pareja, decidimos que volvía a casa.
Muchas cosas habían comenzado a cambiar, pero todavía había mucho por hacer.


Finalizo el tratamiento

En abril de 2011 finalizo con la quimio, pero sigo varios meses más con otra medicación, yendo al hospital todas las semanas.
Cuando estoy por terminar con todo el tratamiento, el médico me dice: “estás muy bien Perren, eh?”
Le digo que sí, que estoy bien física y anímicamente, que ya estoy curada; a lo que me responde que no debo decir que estoy curada, y habla 30 minutos seguidos sobre la negación de los enfermos de cáncer.
Salí del consultorio tratando de comprender su limitación, pero ahí mismo decidí que yo no podía ni quería seguir atendiéndome con alguien que no creía en mi curación.
Fue así que di con una oncóloga joven, excelente médica y de trato muy humano con quien seguí los controles semestrales estrictamente.
Esa decisión fue otro factor importante en mi proceso de sanación, ya no iba a dejar que me traten de cualquier manera.

Dos años y medio después

A mediados de 2013 comienzo unos talleres de espiritualidad con una antigua conocida y querida psicóloga que había conocido hacía 20 años en un grupo del Cuarto Camino.
Comienzo paralelamente terapia con ella, y decido ir a ver “de qué se trata” un grupo que ella coordinaba sobre “adicción a personas”.
Aclaro que tenía datos sobre esto, había derivado a tres paciente mías a estos grupos, y fue ahí que empecé a sospechar que eso era también para mí.
La otra gran decisión sanadora fue comenzar a ir a esos grupos.
El 10 de agosto de 2013 asistí a mi primera reunión en Apap, y ese mismo día pude ponerle nombre a mi padecimiento: me reconocí codependiente.
La sensación fue de enorme alivio, y de haber encontrado un camino que ya otros habían transitado antes, en el que tenía mucho por aprender, pero la recuperación era posible.

Hoy sigo asistiendo al grupo, me han propuesto ser coordinadora, y sigo mi camino de aprendizaje y recuperación.

Por otra parte, cumpliéndose ya los 5 años de operada, los controles oncológicos pasan a ser anuales, así lo establece el protocolo médico.

Agradezco haber tenido cáncer, agradezco haber tocado fondo, de otro modo no hubiera llegado a comprender tan profundamente tantas cosas que comprendí.
No me hubiese dado cuenta cuánto me había alejado de mí misma, qué mal me había tratado, qué poco me había respetado, y cómo no tenía ni idea de lo que era amarme.
Hoy estoy de luna de miel conmigo, sigo casada, creciendo también en pareja, y aprendiendo de la Vida!


Gracias!!! a mis hijos Pedro, Camila y Eugenia, a Guillermo, a Norma, mi madre, a Guille y Germán, a Gino (amigo que donó sangre cuando me operaron), a la Dra. Cafaro (que detectó el cáncer), al Dr. Ostrowsky y la Dra. Gorosito (quienes me operaron), al querido Dr. Mein que me llenó de confianza en los primero momentos, en los que sentí mucha zozobra y desasosiego, al Dr. Bordenave, a los técnicos de radioterapia del Hospital Español, a Mónica (enfermera del servicio), a Marta (voluntaria de Lalcec que nos hacía más llevaderos los momentos en que recibíamos quimio), a la Dra. Mainella que me sigue con los controles, a Déborah, a Silvina G, a Pía y Hebe, a Gustavo, a Yenny, que me animó a escribir sobre mi experiencia, y a tantos y tantos amigos que pidieron por mi salud, por mi recuperación y que me acompañaron de diversas maneras
Y va un agradecimiento especial a Silo, mi Maestro, del cual aprendí y sigo aprendiendo sin límites!

Bernal, 3 de junio de 2014

 


Nadia 31 Años

Llegué a APAP por puro azar. O como nos gusta decir una vez que entendemos qué es APAP, por voluntad de nuestro poder superior. En el verano de 2012 tomaba clases de canto con una profesora que en una de esas clases me notó un poco decaída. Cuando me preguntó qué me pasaba, le conté que estaba un poco triste porque estaba empezando una relación con alguien y las cosas no estaban yendo como yo quería. Su respuesta fue la pregunta ¿Conocés APAP? y me invitó a ir a una reunión. Ahí fui, sin saber a dónde estaba yendo, pero con curiosidad y, lo más importante, ganas de sentirme mejor.

Me recibieron dándome una cálida bienvenida, me explicaron de qué se trataba APAP, me dijeron que para curarse de la codependencia había que pasar muchas horas-silla y que fuera cuatro veces para comprender bien el funcionamiento de los grupos.

Me fui de esa primera reunión sin tenerlo bien claro del todo, pero sintiendo una caricia en el alma y un gran alivio en mi cabeza. Bastante bien para empezar Desde ese momento comencé un camino de sanación espiritual y mental. Las reuniones de APAP me llenan de fe y en cada encuentro, encuentro la solución a distintos obstáculos que atravieso en mis relaciones. En ese sendero, cada reunión es un paso en cada una de ellas, la providencia divina me da una respuesta APAP es el espacio en donde buscarla.

A través del intercambio de experiencias, de las lecturas y los pedidos de ayuda y las sugerencias, muchas veces aparece la palabra que alumbra, que llena de luz ahí donde se acumula oscuridad; que trae silencio reflexivo cuando el ruido agobia. Muchas veces asisto a las reuniones pensando en lo que me preocupa y me vuelvo con el asunto olvidado, gracias a haber escuchado un pensamiento que nada tenía que ver con lo que me preocupaba. Otras, sólo soy parte de la circulación de amor que transcurre en cada encuentro, cuando nos toca dar una palabra de ayuda.

Cuando tengo que explicar a mis amigos qué es APAP, digo que es un lugar donde se puede aprender a relacionarse sanamente con la familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo, pero sobre todo con uno mismo. Donde uno aprende a ser merecedor de todo lo bueno que tiene la vida y a agradecer por todo lo que ocurre mientras pasamos por este mundo. Una lección que nos permite pararnos en un lugar en donde prima el respeto y una autoestima sana.

Desde que voy a APAP me relaciono mejor con mi familia, los amo y los acepto así como son. Ya no me empecino en que mis relaciones sean como yo quiero que sean y asumo que sólo son lo que son. Desde hace unos meses estoy de novia con alguien que me ama y a quien amo de una manera sana, conservando nuestras unidades individuales tanto como nuestra unión. Me trato mejor y me cuido más. Si le tuviera que dar una forma humana, cuando ingresé a APAP mi autoestima era un joven flaco y debilucho, que ahora es un deportista fuerte, que en cada encuentro entrena, mejora su desempeño y aprende a vencer obstáculos de varios tipos. APAP es un gimnasio para fortalecer el amor.


Claudia M. (22/12/12)

He aquí mi testimonio, del que di cuenta en la reunión de fin de año de FUNDAPAP, el 22 de diciembre de 2012.

La historia comienza con una nena chiquita que sostiene maternalmente una muñeca (ver foto): esa era yo, a los dos años. Siempre fui una Susanita de Mafalda; siempre busqué y busqué formar la familia que no tuve, que no pudo ser. Hubo un papá alcohólico y una mamá muy pero muy abusiva conmigo, que me dominaba completamente al punto de que no pude desarrollar una personalidad propia hasta muy entrada en años: yo pensaba, sentía y obraba de acuerdo con lo que entendía o percibía que ellos querían… Igual, nunca alcanzaba. Y mis logros (por ejemplo, en la escuela, donde sacaba premios a la mejor alumna y esas cosas) de alguna manera se opacaban a la sombra de comentarios como "Ay, si yo hubiera tenido esa oportunidad… " Mi madre le endosaba a la familia el haber dejado el piano y la música, entre otras frustraciones personales. Mi padre eligió y sostuvo una profesión que odiaba y nunca tuvo la fuerza para generar un cambio o al menos ejercitar su vocación (como actor, humorista o escritor) a manera de hobbie. El mensaje fue: "Para que te quieran, para pertenecer a esta familia –o, por caso, para lograr formar una- hay que sacrificarse, hay que postergarse, ¡hay que inmolarse!"

Yo-a-los-dos-anos

Me casé a los 20 con el "novio permitido", el hijo idealizado de una amiga de mi madre. A los 22 tenía 2 hijas y a los 26 estaba separada y a cargo de ellas. Mi ex vivó en el exterior muchos años, en los que tuvo escaso contacto con nuestras hijas. Mientras tanto, yo trabajaba y trabajaba pero también me refugiaba fuertemente en la fantasía de la revancha: volver a casarme, elegir mejor, empezar de nuevo. Muchas veces estuve emocionalmente ausente mientras mis hijas crecían, colgada de la fantasía del hombre de turno. Tuve una segunda convivencia con una persona bastante violenta y vaya a saber cuántas relaciones fallidas y amores imposibles: un cura, un tío lejano 18 años mayor que yo, hombres casados, un chico 15 años menor…

Mi actual pareja fue el último eslabón de esa cadena, pero no escapa a la secuencia: estaba casado cuando me enamoré de él (éramos compañeros de trabajo) y, aunque hasta que él se separó no empezamos la relación (fueron tres largos años de idealización, seducción, espera, intentos de olvido, cambio de trabajo, etc.), cuando finalmente arrancamos no parábamos de pelear. En realidad, YO no paraba: quería todo YA, casamiento, convivencia, otro hijo… ¡y él estaba atravesando un divorcio, el miedo a perder la relación con sus hijos, una culpa gigantesca… y además es un gran evitador…! A mí me calza perfectamente ese dicho que dice que las mujeres nos enamoramos del Che Guevara y después queremos afeitarle la barba: por Dios, todo lo que hice porque él cambiara…

Quise forzar las cosas y planeé una mudanza; ÉL me ayudó. Pero cuando llegó el momento en que supuestamente iba a venirse a vivir conmigo y con mis hijas, arrugó… Y yo me sentí como una novia plantada en el altar.

Por suerte, para entonces ya había entrado a los grupos, primero a Al Anon, hace casi 9 años, y después –durante uno de nuestros muchos cortes y separaciones- a APAP. Al fin había descubierto que YO tenía un problema y pude ponerle nombre: CODEPENDENCIA. Solo por hoy seguimos intentando; no convivimos (ahora me doy cuenta de que fue mejor así, aunque todavía me cuesta…) y de a poco fuimos aprendiendo a respetar nuestras diferencias.

Solo Dios sabe cómo resultará (sigue siendo una relación complicada y con algunos enganches poco saludables), pero al menos tengo claro que ambos tratamos, que a los dos nos importa de una manera similar que la cosa funcione y que es –sin ser perfecta ni mucho menos- la mejor relación que he tenido en mi vida. Somos muy distintos y a veces la cosa se pone aburrida…. pero he aquí algunas de las cosas más importantes que aprendí en APAP:

• La pareja NO ES TODA LA VIDA. Es una parte importante, sí, pero no es la vida misma. Es como si fuera una porción de torta, pero no la torta entera…

• No puedo, ni quiero, endosarle mi vida a otro. Yo soy, o puedo ir siendo, la mamá y el papá que me faltaron. Y darme apoyo, reconocimiento, protección…

• Es ENORME la tentación de enfocarme en otro para no ocuparme de mí. Me sigue costando un montón romper el estigma familiar de que para tener amor hay que frustrarse y postergarse siempre. Me cuesta abocarme a mi desarrollo y encima me juega en contra el perfeccionismo… Pero este año dejé la UBA (que era un peso demasiado grande a esta altura) y pude elegir y hacer el 1° de un curso de 2 años de especialización en Literatura Infantil y Juvenil, que me permitió forjar vínculos, establecer contactos y realizar cierta producción escrita que estando sola no lograba encarar. En 2013 pienso terminar ese curso y presentar un proyecto para un nuevo libro de cuentos (tengo publicados otros dos).

• Cuando surgen conflictos grandes, es probable que se me esté jugando algo del pasado. Trato de verlo, de separarlo… De quitarle al problema actual la mochila de las deudas que quedaron pendientes allá lejos y hace tiempo…

• REZO más que nunca. Soy católica, pero a la vez me permito ser crítica con ciertas cosas de la iglesia y cultivo un sentido propio de la fe. Por ejemplo, creo que la iglesia se equivoca cuando explica el "ama a tu prójimo como a ti mismo", dando el amor por uno mismo por sobreentendido… No es así; en general los hombres y las mujeres NO nos amamos bien a nosotros mismos, no nos damos la dignidad que tenemos solo por el hecho de existir, de ser personas… El mandamiento principal para mí es triple, no doble, porque para amar tengo que amarme primero yo, no por egoísmo, sino porque simplemente nadie puede dar lo que no tiene…

El próximo paso que me propongo es poder hacer servicio y voy a aceptar la invitación de Inés y de Mónica para empezar a coordinar. Si espero tener resuelta mi situación de pareja o cualquier otro aspecto de mi vida antes de hacerlo… entonces no lo haré nunca. No tiene que ser perfecto: será como tenga que ser… GRACIAS, APAP, POR LA OPORTUNIDAD DE CONOCERME, APRENDER A ACEPTARME, PRACTICAR LÍMITES, PROBAR, CRECER, VIVIR MÁS CONCIENTEMENTE Y MENOS EN PILOTO AUTOMÁTICO, PODER PENSAR ANTES DE ACTUAR, APRENDER A SER UN POCO MÁS HUMILDE (QUE NO ES UNA DE MIS VIRTUDES PRINCIPALES…). APAP es "papá" al revés, ¡y hoy no parece casual!


 Aníbal

Lo troncal creo que fue que APAP es para mí la sintonía fina. Es lo que me permite, como el dial de la radio, ir percibiendo con mayor nitidez las notas de los instrumentos que ejecutan la sinfonía de mi vida.

Cuando en febrero pasado llegué a mi primera reunión la voz se me quebraba al querer hablar sobre la separación con mi compañera de 20 años y, por ende, no estar diariamente con mis muy amados hijos.

Fue un bálsamo que suavizó el dolor en el que estaba inmerso y me permite ver situaciones y manipulaciones de las que no me percataba o no podía tomar distancia.
Hoy estoy volviendo a sentir que la vida también tiene cosas piolas, más allá del amor a mis hijos y mi profesión.

Estoy muy agradecido a vos Inés, y a Mónica, que tanto me ayudan.

He reinterpretado libros que a la luz de las reflexiones en las reuniones les encontré una utilidad que no había hallado anteriormente.

Mi salud física, muy deteriorada desde la separación, está mejorando y no por el tiempo transcurrido pues venía en picada, sino por cómo veo y pienso la realidad hoy. La sintonía fina.

Gracias por haber fundado APAP y por incidir en el mundo como lo hacen, también agradezco a todos los que participan en esta comunidad.
Beso y buen año.


 Jesica

Querida Inés,
soy una de las tantas personas que tuvo la oportunidad de concurrir a los grupos de APAP de diciembre del 2008 en adelante. A veces he ido religiosamente, otras veces esporádicamente, pero siempre he estado y estaré agradecida por lo que APAP me enseñó y me regaló en cada encuentro.

Los cambios que se sucedieron desde que empecé el grupo en adelante fueron increíbles, fue el comienzo de un camino hacia mis adentros y una expansión hacia el afuera. Simplemente se produjo como un cambio de órbita en mi persona. Cada ayuda de la gente del grupo cada reflexión, cada lectura, cada palabra de Norma, Leticia, Julio, Michel, Ermiña, Raul, a todo ello, estoy agradecida.

Gracias porque ahí donde había rencor, reclamos y dolor, hoy hay perdón y compasión.
Gracias, porque a través del grupo me reconcilié conmigo misma, pude perdonarme por mis equivocaciones, pude alivianar las mochilas de culpa heredada que traia conmigo. Puede conocerme, conocer mis defectos provenientes de la codependencia y aceptarme.

Gracias porque a través del grupo me humanicé, entendí que soy un ser humano con capacidades pero también con límites. Empecé a abondanar la omnipotencia, la soberbia y a reconocer que uno no lo puede todo. Dejé de competir con Dios por asi decirlo y Dios o el Cosmos me regaló un Universo de posibilidades.

Gracias, porque me enseñaron a sentirme libre, libre de elegir, libre de reirme, de hacer tonterías, de disfrutar de la vida, cosas que como niña adulta que fui, nunca conocí.

Gracias porque la Jesica que parecía una parca, fría, vacía y oscura pudo encontrar en el grupo, un abrazo cálido, la compañía y la aceptación de otros sin juzgamientos. Gracias, porque me enseñaron a cuidarme, a ponerme en primer lugar, a comprender que soy un ser sagrado, digno y merecedor de las bondades de la vida.

El grupo fue para mi como llegar a una cabaña donde hay un hogar prendido, mantas abrigadas y una taza de chocolate caliente esperando por mi, después de haber pasado días y noches llenas de frio.
La vida me llevó a estar lejos de mi patria, de mi familia, mis amigos y mi profesión…. y yo acepté claro :-) Desde hace unos meses vivo en Alemania con mi novio de hace 3 años y 3 meses con quien viví momentos increíbles y vivimos una convivencia en armonía. Estoy feliz de tener el compañero que tengo y orgullosa de que vamos a casarnos en algo más de un mes.

Despues de tantas historias fallidas, llenas de karma dolory de humillación... había descartado las parejas y el matrimonio de mis planes por completo… Asi estaba cuando entré en el grupo… y tiempo después me cruzé con Dani, ese que me trata como una reina, que mira mi vida y mis esfuerzos, que me quiere y me respeta y se enorgullece de la misma manera que yo lo hago conmigo misma. Gracias porque si hoy puedo compartir mi vida con “otro entero” y dar el "si" es porque a través del grupo pude juntar mis pedazos, pude llenar el vacío, pude curar las heridas, pude aceptarme y pude quererme.

Estar lejos de “lo conocido” es revolucionador en todo sentido, es un volver a empezar en muchos aspectos, es replantearse la vida de otra manera, es poner en práctica toda la bibliografía de APAP, meditación y enseñanzas que aprendí hasta el momento.
Cuando observo la relación que tenemos con Dani entiendo que la decisión de haber venido fue la correcta aunque me plantea un escenario bastante diferente al que yo me había imaginado/planificado para mis casi 30 años.

Los primeros días de haber ido al grupo,… estaba agobiada por todo el camino que tenía que recorrer, quería leerme todos los libros para avanzar rápidamente y ya “curarme” de la codependencia… no entendía que la vida y el Cosmos tienen “sus tiempos”, no entendía que la vida es un proceso y no un suceso.

Si bien ya lo tenia más o menos claro en Bs As, ahora con el cambio de país y de circunstancias, se me olvidó por completo! :-) Y volví a ser hiperexigente conmigo y no veia todo lo que avancé, solo lo que me falta…. Asi que saqué los libros de la biblioteca y vuelvo a leer las lecciones de mi querido APAP. También me sirvieron mucho los power points de la página web.

Después de unos días grises y de enojos conmigo misma (porque no aprendo este complicado idioma tan rapido como yo había creido y a nivel profesional no todo va en los tiempos que yo quiero), ahora me río de mi con compasión y trato de abrazar los cambios con gratitud y de ver lo positivo que la vida me ofrece en este país, que no es poco. Pido a Dios que me de flexibilidad, permeabilidad, y sobretodo paciencia!

Mi mamá frecuenta los grupos desde hace un tiempo y me comentó que todavía están con un lugar provisorio. Les mando un abrazo grande y les envío mucha luz para que puedan conseguir un lugar fijo pronto!
Y les digo a viva voz:
Gracias Inés, Gracias Mónica, Gracias APAP porque aún en la distancia me siguen ayudando a ponerme en mi eje ¡!! El camino que uno comienza en APAP te acompaña por siempre! Gracias porque aunque lejos, sé que no estoy sola :-) Abrazo, Jesica



Adriana

DECLARO MI GRATITUD A F.U.D.A.P.A.P. POR MI TRANSFORMADOR APRENDIZAJE

Era tanto lo que tenía para agradecer, que no se me ocurría por dónde empezar. Pero, una vez más, el mismo grupo me inspiró porque, durante la reunión, a medida que iba escuchando a mis compañeros en pedidos de ayuda y sugerencias, fui anotando lo que mi corazón me decía sobre motivos para agradecer, lo cual, sinteticé en 7 puntos, que son los que expreso a continuación:

Como producto de mi TRANSFORMADOR PROCESO DE APRENDIZAJE en F.U.N.D.A.P.A.P, hoy puedo afirmar, con genuina alegría que:

1. -Aprendí a mantener el “cordón sanitario” y a protegerme, ante relaciones que sé que son disfuncionales para mi vida.

2. -Aprendí a descubrir, al fin, Quién Soy y Para qué Estoy, y a amarme/aceptarme como soy.

3. -Aprendí a perdonar a otros y especialmente, a mí misma y a mi pasado, al que, hasta unos meses, sólo podía recordar focalizándome en los errores y en las culpas, lo cual me producía un, -por momentos insoportable-, autocastigo.

4. -Aprendí a vivir en el presente y a valorar cada segundo con gratitud.

5. -Aprendí a disfrutar de estar sola sin sentirme sola, a sentirme entera y plena, sin necesidad de estar en pareja, lo que me permitió conectarme con mi Ser.

6. -Aprendí a accionar para tomar decisiones y darme posibilidades laborales y personales que, antes, hubieran sido inimaginables.

7. -Aprendí a relacionarme desde un lugar mucho más profundo con mi Poder Superior, al punto de sentirlo a cada instante y percibir su manifestación en mi vida, en forma de pequeños-grandes milagros cotidianos.

Estos puntos son una síntesis de lo mucho que expresaría como evidencia de mis notorios progresos, pero creo que resume lo más significativo como testimonio de que en F.U.N.D.A.P.A.P, logré un grado de evolución personal, dicha, seguridad y autoestima, hasta AHORA desconocidos para mí, al punto de que, realmente, me siento otra Adriana, fortalecida, desapegada de dependencias, y convencida de que el dolor, puede ser una gran bendición para crecer, sobre todo cuando lo entregamos a Dios.

Mi infinita gratitud a nuestras queridas profesionales fundadoras del Grupo, Inés y Mónica, por sus sabias intervenciones; mi inmenso agradecimiento para con todos los coordinadores que en estos 8 meses han estado guiándonos; y un enorme, GRACIAS!!!!! a todos y cada uno de mis compañeros, porque, en la mayoría de las voces, me sentí muy espejada y acompañada en esto de que “ya no estamos solos” .

Finalmente, Gracias a TODOS! por la contención, la confianza, las ayudas, la escucha, el respeto y la calidez que en el grupo se percibe, para sentirse “como en casa”.

Los quiero mucho:

Adriana


 Miriam G.

Si tuviese que graficar el resultado, hasta hoy, de mi camino en A.P.A.P., diría que me he sacado el anteojo que un día me pusieron, sin darme cuenta, a través del cual veía mi mundo circundante con una óptica falsa, mentirosa, que me hizo sentir que las personas se sentían más que yo, que no me consideraban, que mis carencias y sufrimientos eran cosas que sólo yo sentía, en fin, que eran personas distintas a mí.

Hoy, gracias a A.P.A.P., este bendito grupo al que pertenezco, a mis queridísimas Inés y Mónica, y por supuesto a Erminia que me sugirió concurrir a él, he cambiado de gafas, uso las mías, las que están hechas para mí, hoy a los 49 años "descubro" que todas las personas, en especial esos familiares que yo "veía" distintos y superiores a mí, son personas iguales, no porque se parezcan, sino porque tienen sufrimientos, angustias, esperanzas, alegrías, en fin, todos los sentimientos que yo también tengo y por lo tanto nos hermana.

Esto me es muy gratificante, sentir que ya no estoy sola, que siempre hay alguien que puede comprenderme, si uno pide ser escuchado... y a veces, si no lo pide, también.

El cambio que se está produciendo en mí, tiene un efecto "dominó", al cambiar yo, mágicamente modifico mi entorno.
Por último, y como conclusión, puedo decir, que estar en este camino, me lleva indefectiblemente a la felicidad, entendiendo como felicidad, no un estado de contentura eterna, con ánimo de feliz cumpleaños constante, yo llamo felicidad a la certeza de estar en el camino correcto, con todas las alegrías, esperanzas, logros, satisfacciones y también y por qué no, tristezas, dolores, angustias, etc; pero ahora, sí, con todas las herramientas al alcance de la mano para transitarlas y con la posibilidad de sacar de ellas las enseñanzas que seguramente encierran para mí.

Esa es la felicidad del corazón, saber que el Poder Superior está aquí, dentro mío, para llevarme de la mano hacia el lugar indicado.
Gracias, es una palabra que me queda chica, quisiera encontrar una con mayor dimensión y profundidad, para poder expresar el conjunto de sentimientos y sensaciones que me hacen ser la que soy ahora, y cuando las personas se preguntan qué me pasó, porqué estoy cambiada, yo les respondo: me pasó A.P.A.P., me pasó el queridísimo grupo sin el cual hoy no sé cómo estaría.

Ojalá mi humilde testimonio le sea útil a alquien, puse en él todo mi corazón y agradecimiento.


 Alba Estrella Gutiérrez

querida gente

por estar en las noches más oscuras del alma
por los días de sol en mi ventana
por ese despertar en lluvia
por el silencio tan lleno de palabras
por ese abrazo de nidos y de pájaros
por aceptarme como soy
simple y complicada
con mi luz y mi sombra
mi cobarde valentía
tan llena de nostalgia
por ser de Boca para siempre
y de buenos aires vulnerable
por todos mis olvidos
y unos pocos aciertos
porque me juego entera
y soy a veces
un vacío en mi nombre
rostro de infierno
gracias

por ser mi otro semejante


 Adriana S.

Un día de Diciembre de 2001 deambulaba sola por las calles de Buenos Aires con una pesada mochila vivencial. Buscaba alguien, no importa quien, que me ayudara a llevarla. Encontré a APAP, invité a un amigo para entrar juntos, me presenté con mucha vergüenza y miedo y allí me quedé… y hoy a 7 años de concurrir a este maravilloso grupo quiero dar mi testimonio.

Aquel día mi mochila traía aburrimiento, mal humor, tristeza, cansancio de estar siempre ayudando a todos, agotamiento de controlar y de estar pendiente de todo, miedos de enfrentar situaciones de la vida diaria, angustias, desasosiegos matutinos y de viernes al atardecer, inseguridades, broncas disimuladas y minimizadas, susceptibilidad exagerada, soledad acompañada por elección incorrecta de parejas por ser master en cuidar de ellas, incapacidad de conectarme con emociones y sensaciones, una gran "POBRE DE MI", mucha obstinación, justificación, comportamientos compulsivos alimenticios y de tabaco, violencia reprimida y otro montón de cosas más que podría llenar páginas enteras… Ah!!! Y lo más pesado era la gran máscara que usé siempre para mostrar que TODO ESTABA BIEN EN MI VIDA a fin de ser querida, elegida, aprobada y reconocida por familiares, amigos, parejas… y así no ser dejada por nadie. Yo quería SI o SI que me quisieran y la "complacencia" era mi arma…

Hoy en mi mochila sigo llevando vivencias… y la diferencia está en: "con qué actitud la llevo" y "reconocer que cada d ía está más liviana".

Quiero contarles que lo mejor que me va pasando en estos años de concurrir al grupo es que en mi camino me acompañan:

• Un Poder Superior compañero y amigo incondicional que siempre cuidó y cuida de mí, que ya estaba conmigo y yo no lo veía y gracias a APAP pude reencontrarlo.

• Dos coordinadoras profesionales que siempre que necesité una palabra de ellas allí estuvieron y nos acompañan a todos semana a semana a explorar las heridas del alma.

• Amigas del alma, amigos y muchos compañeros

• Me llevo a MI que nunca me había visto y a partir de venir a APAP descubrí que soy un ser humano hermoso, lleno de cosas lindas y no tan lindas, con luces y sombras, con aciertos y errores, con alegrías y tristeza, con sonrisas y lágrimas, con verdades y dudas… esa SOY YO HOY. Las cosas me siguen pasando, dificultades siempre tendré, pero lo maravilloso de todo esto, es mi actitud diferente frente a esta VIDA que agradezco vivirla.

• GRACIAS APAP POR ESTAR !!!

• Gracias APAP porque tu fina llovizna tiene un maravilloso poder sanador !!


 Diana

"Cuando me pidieron que escribiera mi testimonio para la página de APAP pensé: ¿por dónde empezar? ¿Por dónde acabar? ¿Cómo sintetizar? ¿Cómo contar -si era posible- todo lo que El Grupo me dio? ¿Cómo agradecer Tanto Recibido? No sé si lo logré, seguramente no lo haga... pero igual Está Bien! Y ahí va algo...

Esta historia comienza con una foto mía en blanco y negro y el alma sonando como un viejo y desafinado piano...

Cuando llegué a APAP yo era una sombra, una sombra gris y desdibujada de ser humano. No tenía esperanza alguna, ni propósito, ni sentido, ni poseía rasgo alguno de aquello que llamamos "dignidad" (dudo que esto fuera una condición objetiva, pero así lo vivía yo... en mi subjetividad que "mira" su vida). Yo estaba muy cansada, agotada, frustrada, gris, sin energía ni alegría alguna. Había visto cómo toda mi vida se había convertido en un montón de... Nada. Estaba totalmente obsesionada con una pareja mía (o dos) y veía mis esfuerzos caer en saco roto una y otra vez; tenía desde hacía mucho tiempo la certeza de que ALGO ANDABA MAL EN MI. Creía que era mi destino... (¡Tal vez sí lo era!). Cada vez que alguien me hablaba de "esperanza", algo se revolvía dentro mío y me enojaba. La palabra se me aparecía como lejana, irreal, imposible, hija de un discurso cristiano con más buena voluntad que sabiduría y herramientas prácticas..."

Ver testimonio completo


 Liliana D.

"Tengo muy presente cuando llegué por primera vez al grupo. Una amiga me lo había recomendado diciendo que era un lugar donde había un grupo de personas muy agradables que contaban cosas divertidas, y… ¿por qué no probás? ... te va a hacer bien… No sé por qué le hice caso, pero en cuanto llegué la primera vez supe que iba a seguir yendo."

Ver testimonio completo


 Marisa N. - 20/12/2008

Hoy la reunión de APAP fue maravillosa.
La coordinaron Mónica e Inés. Hicieron una devolución de lo que fue la primera fiesta de APAP desde su comienzo hace casi nueve años.
Cada una escribió su texto. Maravillosos… No fui a la fiesta, tenía el último final de counseling.
Aparte no me hubiera animado creo…
Me cayó otra ficha más. Le tengo terror a la intimidad. Otro insight?
Muchos compañeros expusieron el relato de sus logros...
Yo no puedo, cuando quiero hablar las palabras no me salen, me siento estúpida.
Tengo conductas evitativas, me quiero escapar.
De qué?, de mi misma.
Como no lo pude compartir con el grupo, lo plasmo en este mail y me lo comparto conmigo. (Creo que debe ser el principio de la intimidad esto, no?)
Y mi cambio que? Porqué no lo puedo reconocer ante todos mis compañeros?...
Llegué a APAP a mediados de julio 2008 como un pollito mojado, no podía ni hablar.
Sentía que mis 39 años se me habían caído sobre la espalda.
Ahora pasados cinco meses aproximadamente miro para atrás y puedo ver, puedo ver!!!
Tomaba ansiolíticos y antidepresivos, hoy pude elegir descansar un rato y levantarme a estar conmigo. En vez de tomar un ansiolítico y dormir toda la tarde.
Me hubiera comprado ½ Kg de helado y lo hubiera devorado compulsivamente, ahora estoy tomando mate y escribiendo lo que siento, siento!!!
Tomaba alcohol para "divertirme", ahora no me interesa "divertirme", elijo cuidarme… Iba al curso por inercia, no leía el material, me “pesaba” y así se me acumulaba.
El jueves rendí el último final de Counseling con siete, cuando iba por un cuatro, pasé a segundo año y me apasiona lo que estudio…
No soportaba mi trabajo, lo hacía porque no me quedaba otra. Ahora sé que es el medio para llegar a donde quiero y lo cuido como a mi misma, mi jefe me felicitó…
No quería despertarme, ahora no quiero dormirme…
Hoy Raúl hablaba del balance, del debe y el haber…
Todavía no puedo ver eso en mí, lo mismo que la palabra “intimidad”, no sé mucho de que se trata.
Lo que si sé es que el 2008 fue el año más significativo de mi vida.
APAP para mí, fue un antes y un después. Marisa fue un antes y un después del pacto que hizo con ella misma.
Gracias APAP, gracias compañeros, gracias Mónica, GRACIAS Inés (que fuiste y sos mi modelo para seguir creciendo) y gracias Marisa…
Porque sin todos nosotros esta maravilla no hubiera sido posible.
Y vamos por más!!!
Mi abrazo desde el alma, los quiero y les deseo un muy feliz 2009.

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